Estaba dejando de lado la situación, sentía un permanente inconformismo y una despreocupación total por resolver de una vez que ocurría en mi interior. Sabía que había una solución, pero me costaba creer tanto en los demás como en mi.

Llegaron los días, mejor dicho, el día donde mezclé la furia, la rabia, las ganas, los sueños y una pizca de amor. Resultó ser una mezcla única, un perfume inquebrantable que consiguió librarme de todas la hiedras venenosas que me ataban.

Aquello me impulsó a caminar hacia delante sin importar la victoria o la derrota, porque pasara lo que pasara todo cambiaría a mejor y así fue.

Así es.

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Fuente: Creación propia
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