El tiempo de sequía te traslada a un caluroso desierto. El sudor se transforma en una segunda capa que es inevitablemente permanente durante todo el día. Caminas hacia algún lugar que quizás sea el mismo destino de siempre, pero ahora nadie te dice cómo enfrentarte al camino y la idea de estar en el desierto se convierte en una tortura.

Día y noche te golpean, te hacen más débil hasta destruir los cimientos que habían construido tu forma de pensar. Notas más el dolor mental que el físico, la piel está llena de heridas provocadas por el viento helado de la noche que escuecen cuando el Sol es capaz de fundirte hasta los sesos, Y, ¿ahora?

Has podido alzar la mano, una persona te ha traído al sitio de siempre y ahora todo es igual pero, nada es lo mismo porque has conseguido encontrarte cuando te buscabas. El desierto va a amenazarte casi siempre y lo has aceptado. Cada crisis será una nueva lección que hará fuerte a ese corazón liberado de una culpa cuya redención estaba en su propio interior.

¡Bienvenidos sean los tiempos de desierto, porque con ellos llegan las lecciones que cimientan una mente que no se conforma con lo establecido!

Anuncios