Se avecinan cambios. Hace dos semanas abandoné uno de mis trabajos porque me estaba pasando factura tanto mental como físicamente. Al tomar dicha decisión, esta pregunta se me incrustaba en el cerebro: ¿Ahora de qué vas a vivir? Pero he puesto el “basta”. Basta de vivir para trabajar, basta de no tener vida social, basta de perder el tiempo, basta de no exprimir esta experiencia. Es verdad que sigo dependiendo de rotas, de horarios diferentes cada semana… Pero confiando tanto en mí como en la Providencia, he conseguido un nuevo contrato en el trabajo que mantuve. Además, siguiendo al “saldrá bien”, me mudo a 10 minutos en bicicleta del corazón de Cambridge.

Día tras día se presentan miles de situaciones que requieren tomar una decisión, un camino u otro. Una sensación en la que el vértigo, la emoción, el miedo y la adrenalina se mezclan de forma inexplicablemente perfecta. Con cada una de estas elecciones, doy el 100%, sin mirar que la otra opción podría haber sido mejor. Focalizo todas mis fuerzas para hacer que lo mejor sea así, y si fallo decido aprender, porque si lo haces, ganas.

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